Paisajes y Tradiciones
Correspondiente a la Srita. Concepción Sedas Champion quien tomó a su cargo los trabajos abandonados desde principios del presente siglo, y a base de una determinación y dedicación inquebrantable les dio término. También se le debe dar crédito a Monseñor Gregorio Águila y Gómez, sacerdote residente y posteriormente concentrado en México para atender la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, quien nunca escatimó esfuerzos para el logro de esta época, incluso, aportando fondos de su propio peculio, ya que hasta algunas propiedades vendió para solventar oportunamente compras de materiales y otros compromisos. Pero dejando a un lado la hermosa catedral se aprecia cerca de esta el nuevo palacio municipal de arquitectura colonial, inaugurado en el año de 1960.Este funcional edificio, construyo al viejo caserón de tipo sotaventino ya completamente obsoleto en relación a sus funciones. Igualmente resaltaría el parque Lerdo, con sus arriates en donde están colocados las interesantes esculturas olmecas labradas en piedra, y que representan un sapo y a tres tusas cerrando por el oriente el cuadrangulo del parque, se notaría la fe construcción correspondiente a la escuela Landero y Coss, edificación de tipo modernista, que desentona con todo el conjunto arquitectonico que lo rodea y que se levanto en el mismo sitio que ocupo el bello y elegante palacio típicamente colonial, construído ex profeso en el período de 1897 a 1898, y que fue hasta su insulsa demolición orgullo de la ciudad. Pero mirando un poco al sur del centro se distinguiría al templo de Santa Rosa del cual solo existe como parte original iniciada en el año de 1799 y terminada hasta el año de 1847, la torre de la campana como consecuencia de un lamentable incendio ocurrido hacia el año de 1955 que la destruyo casi totalmente, excepto la torre citada que milagrosamente pudo salvarse de las llamas.
Vieja ciudad de San Andrés, que recostada al pie de elevados cerros que como verdes guardianes en sus faldas la protegen, está considerada como una de las más hermosas y representativas de la bella arquitectura sotavéntica del sur del estado; no obstante que la indiscriminada piqueta modernista, poco a poco implacable esta terminando con las admirables mansiones de teja roja, amplios corredores adornados con columnas y de artisticas y elegantes arcados. Aun así, el encontrarse situado entre hondonadas y pequeñas elevaciones, donde domina el trazo tortuoso y empinado, pero siempre acompañado de la vegetación exuberante y variada, de donde se asoma el oloroso dagame y el rojo escarlata de l a bebeta, la convierte en una población con perspectivas maravillosas de un encanto sin igual.
Pero todo, dentro de un ambiente netamente provinciano y verdaderamente incomparable, que le justifica ampliamente, el bien ganado título de la "La Sultana de los Tuxtlas".
Esta envidiable particularidad, y el privilegio de ocupar el centro comercial y financiero de toda la zona tuxtleca aumenta su importancia, así como el hecho de ser el punto de partida para todos los lugares turísticos regionales de visitarse: como " El salto de Eyipantla, la Laguna Encantada, Montepío y la cercanía con el lago de catemaco, colocado en un sitio de estancia obligada para el visitante; contando para ello con suficientes hoteles para toda clase de turismo. También en este renglón, son digna de mencionarse, por la cantidad de visitantes que generan, sus tradicionales fiestas decembrinas, que comprenden desde la celebración del Santo patrón de San Andrés, en los días 29 y 30 de noviembre, hasta las de "La purísima" y de nuestra señora de Guadalupe, los días 7, 8, 11 y 12 de diciembre respectivamente. Fiestas de gran colorido y de un carácter religioso popular, donde la resplandeciente "Aurora" recorre las principales calles de la ciudad en plena madrugada, y después por la tarde, los deslumbrantes "carros", en un desfile maravilloso de mujeres bellas que arriba de una plataforma engalanada con luces de colores, se dejan admirar en vistosas representaciones estáticas de algunas escenas bíblicas por lo regular. Nutridos desfiles, que acompañados de la jocosa "Mojiganga", donde las estampidas provocadas por los temibles "toros" y la hilaridad de los muñecos cabezones, le ponen el ribete cómico y grotesco a la diversión. Igualmente, son de llamar la atención por los singulares, los famosos "velorios", que en honor de milagrosas imágenes se celebran principalmente en los barrios y rancherías. Veladas de sabroso convivió a base de tamales y café, donde se practican y se dicen actitudes y cánticos de raíces netamente prehispánicas: hombre y mujeres y hasta niños se arrodillan o se sientan frente a un improvisado altar, en donde está colocada la imagen, durante toda la noche le manifiestan su agradecimiento por los favores recibidos y los milagros por hacer, mediante unos lastimeros "alabados", que no son otra cosa que reminiscencias en el tono y la voz, de los lúgubres de antepasados idolatrías, todavía incustrados en el alma indígena de por estos rumbos.
Su cocina regional también goza de bien ganada fama empezando por la gran variedad de tamales entre los que destacan: los tamales de elote con epazote y carne de puerco, los "mimilos" de elote tierno y canela, los tamales de masa de maíz con carne de puerco, de totole o de pollo y hojas de acuyo, tamales de dulce de coco, de anís, de maíz morado de tamales de fríjol y tamales de capita (únicos por lo laborioso de su hechura y condimento. También son muy apreciadas las exquisitas "enchiladas", rellenas de carne, él, espeso "picadillo de res", la carne de olla, los frijoles negros con hojas de chonegui, así como el arcaico guiso de "tatabiguiyayo", de procedencia indígena. Este platillo lo preparan en su versión original, solamente en rancherías y lugares donde aún prevalecen bastante acentuados, restos de los antiguos hábitos y costumbres de nuestros antepasados.